Una investigación de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales (UDP), realizada con cerca de 800 estudiantes de tercero medio en Santiago, concluye que la inclusión de debates políticos en el aula no impacta por igual a varones y a mujeres. Cuando las prácticas deliberativas en clase son escasas, las chicas reportan niveles de confianza política superiores a los chicos; sin embargo, a medida que el debate se vuelve frecuente, esa ventaja desaparece y son los estudiantes los que obtienen mayor beneficio.
Los hallazgos y su significado
El estudio parte de una premisa respaldada por investigaciones previas: abrir la sala de clases a la discusión de la contingencia y fomentar el diálogo político fortalece competencias propias de la educación para la ciudadanía. Lo novedoso del trabajo de la UDP es que desagrega ese efecto por género y observa que el beneficio no es homogéneo.
Según el informe, cuando las prácticas de debate son poco frecuentes:
- las estudiantes declaran mayores niveles de confianza política que sus compañeros varones;
- esa ventaja inicial de las mujeres se mantiene hasta cierto punto, pero cambia cuando la deliberación cotidiana se intensifica.
Con mayor frecuencia de discusión política en el aula:
- la diferencia de confianza política entre géneros tiende a desaparecer;
- los estudiantes varones parecen aprovechar más esas experiencias deliberativas;
- las estudiantes dejan de mostrar las ganancias que, en ausencia de debate intenso, registraban.
“Estar ahí, sentada entre hombres opinando de política, no terminaba de ser un lugar mío, y me sentí en desventaja.”
Ese pasaje, tomado de la observación que conduce la investigación, ilustra la dimensión relacional y cultural que subyace a los resultados: la simple disposición de ofrecer la palabra no garantiza la igualdad efectiva en la participación ni la incorporación de competencias ciudadanas.
Implicancias para la práctica docente
El estudio plantea una alerta práctica: una intervención diseñada para potenciar el aprendizaje cívico —como activar el debate en clase— puede, sin ajustes orientados a la equidad, terminar favoreciendo a quienes ya disponen de recursos para ocupar el espacio público dentro del aula. En términos docentes, eso exige:
- repensar las estrategias de conducción del debate para asegurar que todas las voces sean efectivamente escuchadas;
- observar cómo las dinámicas de género operan en la distribución del tiempo de palabra y en la legitimación de las opiniones;
- complementar la práctica deliberativa con actividades que fortalezcan la confianza y la agencia política de las estudiantes.
Los autores advierten además la cautela típica de la investigación: los resultados corresponden a una foto —un análisis transversal— de una muestra específica en Santiago, por lo que su generalización exige estudios complementarios y replicaciones en otros contextos.
| Elemento | Detalle |
|---|---|
| Muestra | ~800 estudiantes de tercero medio |
| Ubicación | Santiago (Chile) |
| Institución | Facultad de Educación, Universidad Diego Portales |
Desde una mirada práctica y de política educativa, los hallazgos instan a combinar la promoción de debates con mecanismos pedagógicos que aseguren equidad en la participación. Si no, una herramienta valiosa para fortalecer la ciudadanía podría reproducir o incluso amplificar desigualdades de género en la confianza y el ejercicio de la palabra pública.
Es una lección relevante para sistemas educativos que buscan fomentar la educación cívica: más que multiplicar ocasiones de discusión, la capacitación docente y el diseño de actividades deben incorporar criterios explícitos de inclusión para que el beneficio llegue por igual a todas y todos.